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Wednesday, December 01, 2010

36 grados, 36 grados

hay noches a las que llegas a casa de madrugada con un frío congelado que se empieza a derretir en la cama para volver a formar escarcha esparcido por el colchón. estás rodeada. y te quedas inmóvil, calentándote con el único motor de tu propio frío. me recuerdo "36 grados, 36 grados, los humanos estamos a 36 grados". y tus ojos se rinden, duermen, tu cerebro se anestesia y tu cuerpo chilla a los huesos que dejen de castañetear.

no se cómo, desvaneces.

a la tarde siguiente despiertas con las manos gélidas. no recuerdas lo que soñaste. los restos, ese charco que fue sólido en la piel del día anterior, yace a los pies de la cama y al empezar el nuevo día ves tu reflejo: la carne humana que supera el frío inhumano.

piso el suelo de vuelta al mundo y recuerdo el vértigo térmico.

sólo llevo un calcetín puesto. tengo un pie a 36 grados.

Wednesday, August 11, 2010

son casi las 4 y podría mirar los requisitos a seguir para ser astronauta o contable

esta noche tengo insomnio pero por el día he soñado la mar de bien. a estas horas de la madrugada se podría ser cualquier cosa. porque da igual. casi todo da igual cuando se acercan las cuatro de la noche. porque la maquinaria está durmiendo y si quisieras inventarte una nueva pieza en la nocturnidad no encajaría, no tiene hueco, así que puede rodar libre y jugar a ser cualquier engranaje. no va a funcionar, así que te libras de la responsabilidad.

la responsabilidad. me pregunto si yo nací con la responsabilidad de ser soñadora. muchos lo sobrevaloran, que si somos necesarios en los tiempos que corren. el tiempo no para de correr, amigo. soñadora. ahora ese adjetivo me parece de lo más insulso, ñoño y facilón del mundo. porque hasta para ser soñador eres un engranaje, significa que otros no lo son y que tu con tu hueco pretendes un ritmo que no existirá, pero aún así tratas de definirlo para poder contarlo, por si cuela. nunca se sabe. osea, que no dejas de ser pieza, pero encima no haces nada real. la responsabilidad de ser sólo el ruido de las nueces. el mundo cruje y tú no llegas, no tocas nada, nada de nada.

nada de nada. la ofuscación por las noches es inútil, pero parece tan real que te quita el sueño. sólo por si acaso tiene algún sentido. que al final siempre es que no.

hemos perdido mucho los humanos desde que las pantallas de ordenador, una vez escritas, no se pueden coger con las manos y reducirse a una bola de papel en un par de segundos.

Thursday, April 29, 2010

se lo quito de las manos, oiga



quiero un escaparate con luz natural donde haya un mar, un sol, un puñado de gaviotas, arena finita entre rocas de una cala perdida, labios salados y algo de sombra blanda.

lo quiero para elegir un mar, un sol, un puñado de gaviotas, arena finita entre rocas de una cala perdida, labios salados y algo de sombra blanda.

pero no sé aún si lo quiero para llevar o para tomar aquí.

Saturday, April 24, 2010

las alas respirantes


tú a tu aire.
ir al aire de cada uno
es muy importante
para poder respirar.

compatibilzar el aire
con la silueta de los pasos
requiere hacer moldes
compartibles con alguien.

así, si se te atasca en tu cubo
la arena de esta playa
el tiempo de mis manos frescas
ayudaría a tu castillo de naranja.



Monday, January 11, 2010

foto haciendo claqué con un pez bailarín

Desde que me besaste
uno de mis paisajes interiores
es una hilera de cañas de pescar
que tiran hacia atrás su anzuelo

recordando sin azar vuelan tajantes
dejando escalar con paciencia
a los peces que ahora bailan claqué
de mi estómago hacia el cielo.

Celebran que sus colores y zapatos,
sus escamas con burbujas coquetas,
ya sabían que tenían la razón abierta
desde hace muchos meses y pasos.

por fin sus suelas rugen
tip tap tip tap tap glú
glu tip tap glu tap tap
tap tap glu tip tip plaf*.

(*Y todo el ruido
que le quepa dentro
a un pez bailarín
que va nadando a voces por ahí)


Saturday, January 09, 2010

el rito de lavarnos la cara

En aquel filo de la noche
se lavó la cara
con agua blanca
de cráter de luna.

De su reflejo fresco sonó
una raíz aún tierna,
una burbuja de tela
y un pequeño universo

que confesó que las mañanas
huelen a arcilla húmeda roja:
en esas constelaciones por lunares bañadas
y en los verdes planetas que el iris moja.

Sunday, June 07, 2009

El fantasma de la rumba

En una guitarra
la vida va luchando
entre el ring
que forman sus cuerdas
y mi historia va sonando
entre estribillos que recuerdas.
Así se crea el conflicto:
ganchos de memoria en Re,
derechazos sostenidos
de conversaciones inventadas,
cobardes sin bemoles.

Un acústico sentir se ensaña,
transforma la roja canela
en marecillos salinizados de pestañas,
cuerdas flojas a mi vera
cuyos nudos me despiertan y enmarañan.
Agridulces gotitas de desvarío
que ponen ritmo al panorama
siendo un punto suspensivo
entre líneas de pentagrama.

Sunday, May 31, 2009

Quejido rasgado y summertime



Ahí vuelve, por el camino de piedras amarillas. Es el estado captaléptico que se tiene antes de que lleguen las palabras, cuando el cuerpo se ilumina con la impotencia del que no se mueve pero agita su vida con mil hechos que azotan su manera de estar en el mundo.

Ahí vuelve, a llenarse por las esquinas el cuaderno de loca de mi bolso, de mi mesa nocturna. Por cada luna que pasa su grosor preocupa más a la tinta del boli rojo, que patina a oscuras entre cuadrículas azules que se convierten en el único abrazo para sentimientos que no quieren ser compartidos porque son vulnerables, lisiados de una batalla gran perdida: sin pies, ni cabeza.

Es verano, lo dice este olor. Vuelve a ser verano y lo hace por el mismo camino de piedras amarillas, acompañando al estado cataléptico que se tiene antes de que lleguen las palabras.

No lo puedo evitar y es que el sol se me pega a los recuerdos y me pongo morena de nostalgias. El tiempo se gasta pero tu césped no decrece y va inundando de comparaciones a mis paseos solitarios por las aceras de Madrid. Parece que aparecerás en cualquier momento, como si no hubiera pasado nada, como si todo hubiera sido una broma tonta o un regalo del destino para apreciar las cosas especiales que nos encontramos por el camino. Las cosas sencillas pero grandiosas que a los demás no parecen clavárseles tan adentro, tan perpendiculares al núcleo del sentido de la vida.

Dos vidas tan diferentes, pero a la vez tan iguales que no pueden estar programadas sino para crear una historia singular.

El mi imaginario las canciones aún echan el ancla en las frases que leídas entre líneas resumen el significado de la profundidad que busco en mi camino. Tarareo las cosas que podría gritar por las aceras sobre las mil maneras en que podría masticarte por dentro y por fuera sin dejarte ni un suspiro.

Tan voraz es el verano como el dilema de romper la cárcel cuadriculada de mis palabras, que de escaparse irían directas a la mala vida. Claro que, las sublevaciones al orden preestablecido a veces son tan sugerentes, que hasta incluso yo, princesa de la diplomacia, me haría fugitiva de camino a un barranco sin final si compartiera ese coche sin frenos contigo, eso sí, sólo con los altavoces palpitando la música sin piedad acústica.

Cataléptica yo, que voy de romántica. Cobarde tú, que vas de bala perdida. Cambiémonos los roles, que es tiempo de verano, y dejemos de engañarnos, que a mí me va la marcha y a tí que te quieran. Y el mundo por montera que se muera de envidia de camino a nuestro precipicio...

Sunday, January 11, 2009

Y me miro en el espejo despacito




Pues eso. Búscome, pequeña y valiente. Desde más allá de mi punto de partida. Sin más que un pequeño planeta y mi rosa.

Hay tanto que decir que al final, por falta de aire, no existe más. Instantes auténticos que se pierden porque no los capta nadie mas que alguien que no se encuentra, que los ve, los siente, se difuminan y se van. Memorias de loco aislado. Y hablas sin saber lo que dices, porque estas acostumbrada a hablar igual que eres, y lo que eres ahora se desliza por la superficie de alguna atracción metálica que no dura mas de 40 segundos, una y otra vez. Eres todo, puedes serlo todo porque lo alcanzas, y no eres nada. Todas las vigas que hacian crecer hacia arriba a tus andamios creativos se han suicidado elgiendo el papel de actores secundarios en plena huelga de guionistas. Hoy, tu protagonista es este agarre pequeño, mañana será aquel efímero y pasado solo necesitarás poder dejar de tener que agarrarte por unos instantes, no caerte si te sueltas. Volver a tener todo tan claro como un cuadro en blanco a punto de ser provocado por mil pinceles suaves que dejarán la impronta de un ser a compartir irrevocablemente auténtico.

Raquíticos nuevos ciclos se dibujan mientras corre el reloj de arena en círculos, hacia ninguna parte. Es un hecho certero que la nieve se deshace y el sol se dispara, pero el muy canalla jamás te alcanza nunca con su bala amarilla. Balas amarillas. Hay fibras, como esas balas amarillas, que un dia cualquiera, sin que te lo esperes, te alcanzan, se meten en tu cuerpo y te buscan por los recobecos que tenemos dentro, no paran hasta encontrarte y una vez frente a tu mirada, te apresan en un instante. Son las que te recuerdan dónde estás, quién eres, lo que llevas por dentro. Las que te encuentran cuando te buscas perdida. Son las líneas que te delimitan para que, por fin, empieces a Existir. Para que no se escape el aire más y desaparezca. Para que sepas que no estas loco, que no son cosas tuyas y que los instantes auténticos, son de verdad.

Thursday, October 02, 2008

Pisarán cometas

Tal vez exista un país que aún no conozca en el que la máxima aspiración sea volar cometas entre simplicidad, estado de gracia para el ser humano. Cometas con una escalera por cuerda hacia la que dirigirse de Usted, con respeto y determinación, cuando queramos trepar por ella, de camino a lo que haya por cumplir. Existe, bajo las cometas y la gente que cuelga de ellas, un rincón en cualquier punto olvidado en el que alguien, cuyo rostro esconde tras sus ensoñaciones, silba una melodía que un violín hace muchos, muchos años se dejó tirada en la estación más nostálgica del mundo. Suelas fugaces deshilachan el tiempo y tejen nudos invencibles.

Los matemáticos de este lugar echan cuentas hacia atrás para desentrañar el origen de significados aún por descubrir. Mientras matarían por obtener una solución, al otro lado de esta historia, comienza otra paralela: con el sonido de una piedra. Seco, limpio, irrefutable. Un niño acaba de tirarla al río. Y sale corriendo. Suenan sus pisadas, que se alejan, hasta que el ruido del agua, constante, casi hasta hiriente, es lo único que predomina. Pasa un minuto y sigue todo igual. 10 mintos. 10 horas. 10 meses. Atemporalidad. Más agua hiriente, empujando a la tierra, abriéndose paso entre empujón y empujón.

Entonces me pongo a pensar en las cometas, en el rincón, en las suelas que se van pero tejen. Al abrir los ojos no veo absolutamente nada. Me da miedo y los vuelvo a cerrar. Pero sigo sin ver nada. Y ya sólo recuerdo las suelas que se van. Sólo ya no están.

Saturday, August 02, 2008

Errata de brújula

Me pregunta el aire que si es posible perdese uno en su propia vida perfectamente reconocible. Que cómo es posible sentarte sin ver la silla, andar sin pisar la acera y recordar sin existencia. Dicen los rayos del sol que la luz no lo alumbra todo, mientras que la luna, con sus tenues disparos, es capaz de hacer visible mediante sombras lo que ya no es. El mago tiempo, con sus filigranas de varitas mágicas de minutero, barre el círculo del reloj desgastando esta existencia sobre la que me siento y Siento, pero que nadie ve. Entonces, echo de menos hasta sangrar, por pura incomprensión, pero parece que el resto del mundo ya lo ha olvidado, como si no existiera ni hubiera existido.
Sobre esta silla que no existe, ahora soy yo la que empieza a hacerse preguntas. No llevan interrogantes, ni letras. Solo son de aire:
- ¿Es posible perderse uno en su propia vida perfectamente reconocible? - Dijo. Dije.
Y mientras tanto, el resto del mundo siguió, indolente.
Desdolido.
Indolido.
Adoloroso.
Vacío.

Tuesday, July 22, 2008

Agujas de constelación

El vacío absorbió el marco de la ventana de manera virulenta y, sin avisar, hizo chirriar sus cristales. Empezó a succionar los montículos de gotelé, uno a uno, a una velocidad centelleante que les hizo convertirse en constelación fugaz perdida. Después, todas las plantas lloraron de pena al despedir a sus macetas pulverizadas. Su tierra, pronto iría tras ellas, despidiendose en forma de relámpago.
Y ahí estaba el agujero negro, enfrente, desafiante, a punto de tocar su cara de niña grande. Cerró los ojos, apretó los puños hasta notar el latido de sus venas manifestarse y deseó desaparecer, de cualquier manera, menos con dolor.
Cuando el vacío imparable rozó sus labios, ese agónico sonido que silbaba su existencia cerró la boca y se fué. Sin llegarle a besar.
No volvió. Ella tuvo que arreglar la ventana arrancada por el vacío. Mejor dicho, construir una pared ya que la anterior había sido desmaterializada. Tuvo que volver a perfilar la pintura de sus muros carcomidos, aunque la pintura a veces le irritaba los ojos y éstos se rebelaban en forma de lluvias torrenciales incontroladas, incontrolables. Las raíces de las plantas tiritaban de miedo y hubo que contarles historias con final feliz para que se calmaran y así poder volver a plantarlas porque, con tanto bamboleo pavoroso, era imposible encajarlas en cualquier tiesto.
Cuando reconstruyó los elementos básicos de su cuarto, esos que se limitan a dejarte vivir, escuchó un sonido familiar. Un silbido negro, mágnetico, con una polaridad que iba más allá de la metafísica. Era el vacío, esta vez en forma de aguja, que se filtró de incógnito entre sus pestañas cuando sus ojos recordaron aquella constelación que un par de manos juntas hicieron brillar en el espacio infinito.

Saturday, July 12, 2008

Huesos huecos de humo

Hoy quisiera que el día solo fuera uno de Esos Abrazos porque los huesos huecos ya duelen de vacío.

Mientras, el cuerpo tira de la cuerda del tiempo que arrastra todas las cosas en una bolsa de tela sucia por el polvo del camino.

Mis articulaciones se enganchan a rosca en el cansancio mientras el vicio de la vida pierde inercia al respirar hondo a golpe de suspiro.

Y ese abrazo como una nube de humo cada vez se aleja más alto en el cielo hasta que se desvanece justo al lado del tercer rayo de sol empezando por la izquierda.

Thursday, June 19, 2008

Taquigrafía de verano

Alma, cómo puedes estar impasible cuando tanta vida te estalla en la cara. Dónde te colocas el parpadeo instintivo. Qué piel usas para que la onda expansiva no te haga retumbar por dentro. Quién te da sentido o te lo quita. Por qué estarás ahí Alma, si no es para dejarte llevar con virulencia por los bucles del equilibrio desequilibrado, en la cuerda floja -al cuello-.

Despierta, porque ya la piel te huele salada a sol de verano, porque mi lengua se deshace en matices de colores que podrían describir el mundo entero, porque has descubierto el punto en el que el cielo y el mar se vuelven siameses cuando, entre lágrima y lágrima, un espejismo borroso te susurró al oído que por fin estabas vivo otra vez.

Alma de tinta y hierro, cómo puedes estar impasible con todo lo que te queda aún por escribir. La taquigrafía ahora es un ritmo que cabe en la palma de tu mano, en mi palma, en nuestra palma dispuesta a disparar catapultadas 5 huellas dactilares que dejen claro, de manera contundente, la identidad indescriptible que me traerá poco a poco hasta allí donde termine el trayecto. Pero, ¿Dónde es allí, Alma?. Me temo que eso, bonita, no lo sabes ni tú, por muy especial que seas.

Sunday, May 25, 2008

Medusas esteparias


Cuando este artilugio indefinible y metafísico te encadena la vida, solamente te queda pedir socorro al eco que dibuja el aire soplante frente al cañón más abismal y absorbente que tienes enfrente, colmado en su fondo con voces que no hacen más que repetirte que te dejes llevar por su efecto atrayénte y saltes al vacío.


Pedir socorro al exterior vacío -tan poblado de gente que no puede hacer nada porque el artilugio ese, sí, el indefinible y metafísico que te encadena la vida, es producto de tu imaginación retorcida y surrealista- es como soplar la herida de un brazo recién mutilado, como rellenar con muñecas hinchables una ausencia irreconciliable con la sustitución, insuperable. Mientras, las voces del fondo del cañón -de colorado, de negro, qué más da- son las únicas compañeras. A veces vuelan y son medusas eléctricas, viajantes y vagantes en tu maleable estado de ánimo, las que te acompañan, voltáicas, cuando tienes frente a tí el placer de dejarte llevar por el dolor, por los buenos momentos, por los recuerdos, por los proyectos, por los olores de una ducha caliente, por el salado tibio de las lágrimas en tu boca, por sentirte asquerosamente viva, descarnada ante sentimientos fulgurantes que azotan con grandes olas de sal espinosa, incisiva, contra el muelle de tu antigua vida -en la que te limitabas a ser Feliz. Simplona e ingenua tú-.


"No quiero que mi primer libro sea un socorro cristalizado en tinta y pasta de papel, un horror compartible con cierto regustillo a humanidad imperenne", les digo a las medusas eléctricas cada vez que descargan su furia de un latigazo fotovoltáico contra mí. Entonces ellas se apiñan frente al tsunami de olas de sal puntiaguda y escociente aislándome de él, creando una barrera, un vacío, como el del abismo del cañón, y me hacen ver el horizonte de un chispazo, me iluminan, décimas de segundo de lucidez no farragosa, chute de Ventolín para mis asmáticos sentidos ahogados. Tal vez, el destino solo me esté haciendo el favor de no limitarme a ser Feliz, de utilizar las uñas para arrancarle a la vida unas palabras de libros, todo un honor hacia mí por su parte.


La verdad es que nunca pensé que viviría en esta isla, que yo también acabaría siendo un lobo estepario. Sorpresa, Principita...

Monday, April 21, 2008

Colgar desabrochada

Sus pies colgaban de la rama del árbol, donde su respiración asincopada trataba de calmar su corazón bombeante de emociones, clamante de interrogaciones. Tal vez sí, esté mejor ahí arriba después de correr hasta hacer sangrar al suelo con la inercia de sus pisadas. La huída turbadora no hacía más que gritarla que tenía que volver porque aquél era su sitio. La estancia desubicada, en cambio, le susurra al oído que aunque el sitio de vuelta fuera el mismo, no es un lugar lo que necesita el sentimiento para acicalarse el alma. Pero en aquella rama, sus pies por encima del suelo, incluso del cielo, balanceaban complejidades que no la soltaban por más que zarandease sus interrogantes contra el vacío de la existencia. Contra el vacío del no comprender nada.

Seguía respirando allí arriba, con sus cordones desabrochados, con sus lazos rotos de cuajo con la misma piedad con la que se le corta la cabeza a una circunstancia enamorada mientras se afilan los excesos de la implacable individualidad que un día hicieron que te enamorases de mí. Y yo lo único que aprendo, aquí arriba, en la rama con los cordones desabrochados, es que los excesos son malos.

Mientras, me dedicaré a respirar, pero sólo lo justo.

Sunday, April 13, 2008

Las mañanas protocolarias

Siempre había un punto en la mañana insoportable, inflexible, intransigente en su cabeza. Y ese punto era a las 11'20. Desde hacía años, el anciano era madrugador. Pero no como todos los abuelos. Él siempre asoció la jubilación a un dulce sueño de vida y sábanas, de desayunos empalmados con comidas, de tardes en pijama. Y por qué no decirlo, de ella a su lado. Pero desde que se quedó solo la cosa cambió.

- Desde entonces siempre me despierto a la misma hora. Por las noches procuro apurar el sofá hasta que mi cuerpo pierde la noción de sí mismo para asegurarme de que no me quedaré la noche en vela pensando. Y siempre siempre, por las mañanas, esté la persiana subida o bajada, a las 9 menos 10 me despierto. Cuando parece que el nivel de sueño es menos profundo y que tengo consciencia involuntaria sobre mi situación, sobre la vida en la que aterrizaré cada mañana, me doy un susto, una sensación de vuelco al estómago y me desvelo a mí mismo.


Entonces procuraba seguir dormido, pero la situación de angustia le levantaba de la cama con un desagradable gesto de tozudez arisca, como si ya fuera su mujer y llevaran miles de años casados aguantándose. Entonces se calzaba sus zapatillas, pisadas por el talón y con una gran cantidad de pelotillas y pelusas que acariciaban sus pies cada vez que se las ponía. Eran azul oscuro con cuadros blancos, como las de todos los abuelos. Como aún tenía el cuerpo entumecido, tenía que estar un par de minutos mirando al horizonte de la pared de su habitacion sentado en el borde de la cama. Como la pared estaba a tan solo un metro, a veces giraba su nevada cabeza hacia la izquierda donde seguía su boli y su folio en blanco sobre el escritorio. Esta sensación de estancamiento le hizo levantarse definitivamente.

Como todas las mañanas bajó a por el pan, luego a por el periódico, y después se sentó en el banco del parque donde daba el claro de sol. Entonces hacía que miraba su periódico- cada día se compraba uno diferente porque odiaba las costumbres fijas- que intentaba involucrarse en la vida que allí se exponía, de integrarse en los asuntos del país y cuando ya se cansaba de intentar centrarse para leer en lugar de pasar los ojos por encima de los titulares una y otra vez sin entender el significado, decidía volver a su casa porque allí, en ese banco, tras media hora, ya no pintaba nada.

Todo esto siempre le hacía llegar a las 11 a casa, con cansancio, falsa ilusión de realización personal y sintiendo aún el sol en su cara. Se volvía a sentar en la silla de su escritorio escuchando el silencio frente a la ventana. Y tras 10 minutos la situación era insostenible. Insoportable. Inflexible. Algo que su corazón no transigía.

Tuesday, April 08, 2008

Las olas del boli

- "Pienso en un final feliz para una historia que ya nunca escribiré".

El anciano se quitó las gafas de ver de cerca y se sentó en la silla de la esquina mirando su folio en blanco. Se sentía solo, abominablemente solo, tal vez por eso ni se sentía y le dio por escribir otra vez, para recordarse que está ahi, para compartir lo que aún no sabe que lleva dentro pero que le recorre como una apisonadora el lado izquierdo de las costillas y no le deja respirar.

Esa mañana sus huesos tenían frío, le dolían como agujas candentes y se diferenciaba de otras mañanas porque después de tanto tiempo ella ya no estaba a su lado. Ni ella, ni toda su vida con ella. Tampoco tenía hijos ni nada que se le pareciera a un hogar. Porque un hogar, y lo sabía desde hace años, es aquel lugar, con o sin techo, en el que no tienes miedo de lo feo que es el mundo. Y que, cuando lo tienes, no pasa nada porque hay alguien para abrazarte y compartir contigo la ilusión de seguir adelante. Ahora le comía todo el alma, hasta su propio cuerpo sentía entumecido y disminuyendo a pasos agigantados, como si hubiera quitado el tapón de la bañera y su vida se vaciara por un agujero en remolino.

Se quedó seco, tiritando, con una arcada de pena, una náusea de sin rumbo, petrificado, porque no sabía hacer otra cosa ahora. Le hubiera gustado tener un jardín para ir a pasear y perderse entre sus flores, como en los libros. Pero vivía en un piso pequeño, un no-hogar que era lo único que le quedaba de golpe. Y hacía poquitos días se había dado cuente de que los libros, sobre los que siempre ha girado su forma de ser, no existen. Sólo son carencias de pasta dura.

Sus manos arrugadas, plenas de venas en 3 dimensiones con un sangre fluidamente apagada, amarraron el boli con fuerza. Con toda la poca fuerza que le quedaba. Se agarró a él como si fuera un salvavidas en medio de el océano. Y con el azul de las olas y la tristeza empezó a balancearse sobre el folio. Cerró lo ojos y siguió balanceándose hasta que perdió la noción del tiempo. Tanto la perdió que ahora no sabe si existe, existió o existirá alguna vez. Pero siempre le quedará el anestésico balanceo de su boli, lo único que sabe que en toda su vida ha dependido tan solo de él.