Wednesday, December 01, 2010
36 grados, 36 grados
no se cómo, desvaneces.
a la tarde siguiente despiertas con las manos gélidas. no recuerdas lo que soñaste. los restos, ese charco que fue sólido en la piel del día anterior, yace a los pies de la cama y al empezar el nuevo día ves tu reflejo: la carne humana que supera el frío inhumano.
piso el suelo de vuelta al mundo y recuerdo el vértigo térmico.
sólo llevo un calcetín puesto. tengo un pie a 36 grados.
Wednesday, August 11, 2010
son casi las 4 y podría mirar los requisitos a seguir para ser astronauta o contable
la responsabilidad. me pregunto si yo nací con la responsabilidad de ser soñadora. muchos lo sobrevaloran, que si somos necesarios en los tiempos que corren. el tiempo no para de correr, amigo. soñadora. ahora ese adjetivo me parece de lo más insulso, ñoño y facilón del mundo. porque hasta para ser soñador eres un engranaje, significa que otros no lo son y que tu con tu hueco pretendes un ritmo que no existirá, pero aún así tratas de definirlo para poder contarlo, por si cuela. nunca se sabe. osea, que no dejas de ser pieza, pero encima no haces nada real. la responsabilidad de ser sólo el ruido de las nueces. el mundo cruje y tú no llegas, no tocas nada, nada de nada.
nada de nada. la ofuscación por las noches es inútil, pero parece tan real que te quita el sueño. sólo por si acaso tiene algún sentido. que al final siempre es que no.
hemos perdido mucho los humanos desde que las pantallas de ordenador, una vez escritas, no se pueden coger con las manos y reducirse a una bola de papel en un par de segundos.
Thursday, April 29, 2010
se lo quito de las manos, oiga
quiero un escaparate con luz natural donde haya un mar, un sol, un puñado de gaviotas, arena finita entre rocas de una cala perdida, labios salados y algo de sombra blanda.
lo quiero para elegir un mar, un sol, un puñado de gaviotas, arena finita entre rocas de una cala perdida, labios salados y algo de sombra blanda.
pero no sé aún si lo quiero para llevar o para tomar aquí.
Saturday, April 24, 2010
Monday, January 11, 2010
foto haciendo claqué con un pez bailarín
uno de mis paisajes interiores
es una hilera de cañas de pescar
que tiran hacia atrás su anzuelo
recordando sin azar vuelan tajantes
dejando escalar con paciencia
a los peces que ahora bailan claqué
de mi estómago hacia el cielo.
Celebran que sus colores y zapatos,
sus escamas con burbujas coquetas,
ya sabían que tenían la razón abierta
desde hace muchos meses y pasos.
por fin sus suelas rugen
tip tap tip tap tap glú
glu tip tap glu tap tap
tap tap glu tip tip plaf*.
(*Y todo el ruido
que le quepa dentro
a un pez bailarín
que va nadando a voces por ahí)
Saturday, January 09, 2010
el rito de lavarnos la cara
se lavó la cara
con agua blanca
de cráter de luna.
De su reflejo fresco sonó
una raíz aún tierna,
una burbuja de tela
y un pequeño universo
que confesó que las mañanas
huelen a arcilla húmeda roja:
en esas constelaciones por lunares bañadas
y en los verdes planetas que el iris moja.
Sunday, June 07, 2009
El fantasma de la rumba
la vida va luchando
entre el ring
ganchos de memoria en Re,
derechazos sostenidos
de conversaciones inventadas,
cobardes sin bemoles.
Un acústico sentir se ensaña,
transforma la roja canela
en marecillos salinizados de pestañas,
que ponen ritmo al panorama
siendo un punto suspensivo
entre líneas de pentagrama.
Sunday, May 31, 2009
Quejido rasgado y summertime
Ahí vuelve, por el camino de piedras amarillas. Es el estado captaléptico que se tiene antes de que lleguen las palabras, cuando el cuerpo se ilumina con la impotencia del que no se mueve pero agita su vida con mil hechos que azotan su manera de estar en el mundo.
Ahí vuelve, a llenarse por las esquinas el cuaderno de loca de mi bolso, de mi mesa nocturna. Por cada luna que pasa su grosor preocupa más a la tinta del boli rojo, que patina a oscuras entre cuadrículas azules que se convierten en el único abrazo para sentimientos que no quieren ser compartidos porque son vulnerables, lisiados de una batalla gran perdida: sin pies, ni cabeza.
Es verano, lo dice este olor. Vuelve a ser verano y lo hace por el mismo camino de piedras amarillas, acompañando al estado cataléptico que se tiene antes de que lleguen las palabras.
No lo puedo evitar y es que el sol se me pega a los recuerdos y me pongo morena de nostalgias. El tiempo se gasta pero tu césped no decrece y va inundando de comparaciones a mis paseos solitarios por las aceras de Madrid. Parece que aparecerás en cualquier momento, como si no hubiera pasado nada, como si todo hubiera sido una broma tonta o un regalo del destino para apreciar las cosas especiales que nos encontramos por el camino. Las cosas sencillas pero grandiosas que a los demás no parecen clavárseles tan adentro, tan perpendiculares al núcleo del sentido de la vida.
Dos vidas tan diferentes, pero a la vez tan iguales que no pueden estar programadas sino para crear una historia singular.
El mi imaginario las canciones aún echan el ancla en las frases que leídas entre líneas resumen el significado de la profundidad que busco en mi camino. Tarareo las cosas que podría gritar por las aceras sobre las mil maneras en que podría masticarte por dentro y por fuera sin dejarte ni un suspiro.
Tan voraz es el verano como el dilema de romper la cárcel cuadriculada de mis palabras, que de escaparse irían directas a la mala vida. Claro que, las sublevaciones al orden preestablecido a veces son tan sugerentes, que hasta incluso yo, princesa de la diplomacia, me haría fugitiva de camino a un barranco sin final si compartiera ese coche sin frenos contigo, eso sí, sólo con los altavoces palpitando la música sin piedad acústica.
Cataléptica yo, que voy de romántica. Cobarde tú, que vas de bala perdida. Cambiémonos los roles, que es tiempo de verano, y dejemos de engañarnos, que a mí me va la marcha y a tí que te quieran. Y el mundo por montera que se muera de envidia de camino a nuestro precipicio...
Sunday, January 11, 2009
Y me miro en el espejo despacito
Pues eso. Búscome, pequeña y valiente. Desde más allá de mi punto de partida. Sin más que un pequeño planeta y mi rosa.
Hay tanto que decir que al final, por falta de aire, no existe más. Instantes auténticos que se pierden porque no los capta nadie mas que alguien que no se encuentra, que los ve, los siente, se difuminan y se van. Memorias de loco aislado. Y hablas sin saber lo que dices, porque estas acostumbrada a hablar igual que eres, y lo que eres ahora se desliza por la superficie de alguna atracción metálica que no dura mas de 40 segundos, una y otra vez. Eres todo, puedes serlo todo porque lo alcanzas, y no eres nada. Todas las vigas que hacian crecer hacia arriba a tus andamios creativos se han suicidado elgiendo el papel de actores secundarios en plena huelga de guionistas. Hoy, tu protagonista es este agarre pequeño, mañana será aquel efímero y pasado solo necesitarás poder dejar de tener que agarrarte por unos instantes, no caerte si te sueltas. Volver a tener todo tan claro como un cuadro en blanco a punto de ser provocado por mil pinceles suaves que dejarán la impronta de un ser a compartir irrevocablemente auténtico.
Raquíticos nuevos ciclos se dibujan mientras corre el reloj de arena en círculos, hacia ninguna parte. Es un hecho certero que la nieve se deshace y el sol se dispara, pero el muy canalla jamás te alcanza nunca con su bala amarilla. Balas amarillas. Hay fibras, como esas balas amarillas, que un dia cualquiera, sin que te lo esperes, te alcanzan, se meten en tu cuerpo y te buscan por los recobecos que tenemos dentro, no paran hasta encontrarte y una vez frente a tu mirada, te apresan en un instante. Son las que te recuerdan dónde estás, quién eres, lo que llevas por dentro. Las que te encuentran cuando te buscas perdida. Son las líneas que te delimitan para que, por fin, empieces a Existir. Para que no se escape el aire más y desaparezca. Para que sepas que no estas loco, que no son cosas tuyas y que los instantes auténticos, son de verdad.
Thursday, October 02, 2008
Pisarán cometas
Los matemáticos de este lugar echan cuentas hacia atrás para desentrañar el origen de significados aún por descubrir. Mientras matarían por obtener una solución, al otro lado de esta historia, comienza otra paralela: con el sonido de una piedra. Seco, limpio, irrefutable. Un niño acaba de tirarla al río. Y sale corriendo. Suenan sus pisadas, que se alejan, hasta que el ruido del agua, constante, casi hasta hiriente, es lo único que predomina. Pasa un minuto y sigue todo igual. 10 mintos. 10 horas. 10 meses. Atemporalidad. Más agua hiriente, empujando a la tierra, abriéndose paso entre empujón y empujón.
Entonces me pongo a pensar en las cometas, en el rincón, en las suelas que se van pero tejen. Al abrir los ojos no veo absolutamente nada. Me da miedo y los vuelvo a cerrar. Pero sigo sin ver nada. Y ya sólo recuerdo las suelas que se van. Sólo ya no están.
Saturday, August 02, 2008
Errata de brújula
Tuesday, July 22, 2008
Agujas de constelación
Saturday, July 12, 2008
Huesos huecos de humo
Mientras, el cuerpo tira de la cuerda del tiempo que arrastra todas las cosas en una bolsa de tela sucia por el polvo del camino.
Mis articulaciones se enganchan a rosca en el cansancio mientras el vicio de la vida pierde inercia al respirar hondo a golpe de suspiro.
Y ese abrazo como una nube de humo cada vez se aleja más alto en el cielo hasta que se desvanece justo al lado del tercer rayo de sol empezando por la izquierda.
Thursday, June 19, 2008
Taquigrafía de verano
Despierta, porque ya la piel te huele salada a sol de verano, porque mi lengua se deshace en matices de colores que podrían describir el mundo entero, porque has descubierto el punto en el que el cielo y el mar se vuelven siameses cuando, entre lágrima y lágrima, un espejismo borroso te susurró al oído que por fin estabas vivo otra vez.
Alma de tinta y hierro, cómo puedes estar impasible con todo lo que te queda aún por escribir. La taquigrafía ahora es un ritmo que cabe en la palma de tu mano, en mi palma, en nuestra palma dispuesta a disparar catapultadas 5 huellas dactilares que dejen claro, de manera contundente, la identidad indescriptible que me traerá poco a poco hasta allí donde termine el trayecto. Pero, ¿Dónde es allí, Alma?. Me temo que eso, bonita, no lo sabes ni tú, por muy especial que seas.
Sunday, May 25, 2008
Medusas esteparias
Monday, April 21, 2008
Colgar desabrochada
Seguía respirando allí arriba, con sus cordones desabrochados, con sus lazos rotos de cuajo con la misma piedad con la que se le corta la cabeza a una circunstancia enamorada mientras se afilan los excesos de la implacable individualidad que un día hicieron que te enamorases de mí. Y yo lo único que aprendo, aquí arriba, en la rama con los cordones desabrochados, es que los excesos son malos.
Mientras, me dedicaré a respirar, pero sólo lo justo.
Sunday, April 13, 2008
Las mañanas protocolarias
Tuesday, April 08, 2008
Las olas del boli
El anciano se quitó las gafas de ver de cerca y se sentó en la silla de la esquina mirando su folio en blanco. Se sentía solo, abominablemente solo, tal vez por eso ni se sentía y le dio por escribir otra vez, para recordarse que está ahi, para compartir lo que aún no sabe que lleva dentro pero que le recorre como una apisonadora el lado izquierdo de las costillas y no le deja respirar.
Esa mañana sus huesos tenían frío, le dolían como agujas candentes y se diferenciaba de otras mañanas porque después de tanto tiempo ella ya no estaba a su lado. Ni ella, ni toda su vida con ella. Tampoco tenía hijos ni nada que se le pareciera a un hogar. Porque un hogar, y lo sabía desde hace años, es aquel lugar, con o sin techo, en el que no tienes miedo de lo feo que es el mundo. Y que, cuando lo tienes, no pasa nada porque hay alguien para abrazarte y compartir contigo la ilusión de seguir adelante. Ahora le comía todo el alma, hasta su propio cuerpo sentía entumecido y disminuyendo a pasos agigantados, como si hubiera quitado el tapón de la bañera y su vida se vaciara por un agujero en remolino.
Se quedó seco, tiritando, con una arcada de pena, una náusea de sin rumbo, petrificado, porque no sabía hacer otra cosa ahora. Le hubiera gustado tener un jardín para ir a pasear y perderse entre sus flores, como en los libros. Pero vivía en un piso pequeño, un no-hogar que era lo único que le quedaba de golpe. Y hacía poquitos días se había dado cuente de que los libros, sobre los que siempre ha girado su forma de ser, no existen. Sólo son carencias de pasta dura.
Sus manos arrugadas, plenas de venas en 3 dimensiones con un sangre fluidamente apagada, amarraron el boli con fuerza. Con toda la poca fuerza que le quedaba. Se agarró a él como si fuera un salvavidas en medio de el océano. Y con el azul de las olas y la tristeza empezó a balancearse sobre el folio. Cerró lo ojos y siguió balanceándose hasta que perdió la noción del tiempo. Tanto la perdió que ahora no sabe si existe, existió o existirá alguna vez. Pero siempre le quedará el anestésico balanceo de su boli, lo único que sabe que en toda su vida ha dependido tan solo de él.