la tercera persona en los ochenta, ella, tenía años de no llegar a las estanterías. de salir del colegio con los bajos de la falda del uniforme tan llenos de tierra que su madre todos los viernes los tenía que descoser para sacarle la arena.
a las tres de la tarde, ocurría el primer ritual que tendría en su vida. de lunes a viernes, con 5 años, la fiera llevaba unos minutos esperando en doble fila en el coche de su padre a que abrieran la verja del colegio. eso era algo que parecía que ocurría desencadenado por una canción en la radio. era una canción rara, hipnótica, inexplicable para un tímpano tan jóven. un sondio nuevo que la dejaba muy quieta, muy mágica, con un poco de miedo, mucha atracción y la mirada perdida sobre el transistor, con la intención de que su padre le dejara escuchar esos segundos de sintonía antes de bajar al colegio de nuevo.
la niña jugó, creció un poquito, y se olvidó de aquel ritual sonoro que duró los primeros años de su consciencia. pero un día recordó la melodía. su padre juraba y perjuraba que se trataba de enya, así que la adolescente escuchó infatigable toda la amplia discografía de enya y no encontró. poco después, un anuncio en la televisión que recopilaba canciones celtas cantadas por mujeres le trajo durante dos segundos esa melodía. tampoco encontró lo que buscaba.
hoy, sin querer queriendo, aquella niña casi 20 años después ha encontrado lo que fue su primer ritual. y eso es algo indescriptible: mantenerse igual de quieta ante un sonido, exactamente igual de quieta que cuando eran las tres de la tarde y se tenían cinco años, justo antes del beso paternal y de entrar al colegio de monjas en torbellino oliendo a colonia chispas.
ayer, dos años intocables cayeron sobre mí, una pila de papeles sin clasificar de todos los colores e intenciones.
fue sin querer, escurrieron de lo alto del armario adelantando un encuentro pendiente por el bien del orden de mis recuerdos.
he encontrado desgastada la entrada de la rosenvinge del concierto donde estuvimos juntas a menos de 2 metros sin conocernos, como nos pasaría en la linea 5 del metro.
mil programaciones intactas de la filmoteca, del círculo de la casa encendida, del ciclo de turno, más conciertos y mapas trillados de otras muchas ciudades...
papeles con los que no sé qué hacer, como un certificado de estudiante de bellas artes a mi nombre de la universitá degli studi roma tré, en la que nunca cursé.
o una carta jamás enviada a pedro, mi profesor de filosofía, diciéndole que tantos años después sigo habitando en todos esos aforismos y perspectivas que nos enseñó.
y detalles que olvidé, olvidándome por sorpresa de mí: guiones rara avis locutados con letra ultrapequeña enemiga del arial 14 para no talar demasidado,
detalles minúsuclos trabajados a traves de horas mayúsculas, y constantes frases en los márgenes, al márgen de lo sucedido.
también obsesivos mapas de tiempo que me recuerdan que, aunque sin éxito, lo intenté hacer lo mejor posible, para no perderme por el camino entre tanto caos bienintencionado.
a diferencia de lo que pensaba ahora que soy libre no puedo escribir.
me abruma este mundo entero tan nuevo y ajeno entre mis manos.
remo en una barca inabarcable. a segundos es como no existir.
no veo el amarillo de las farolas de anoche cuando estan de canto contra la nueva luz del sol.
la dirección del camino propio acotado era el canalizador de energía robusta adecuado.
la libertad del planeta completo y redondo dispersa sobre su superficie un sentido demasiado delgado.
el pánico de mis manos acaba de ser comprobado: no hay más que lanzar una palabra al omnipresente televisor y ver cómo su sentido más auténtico es ispofacto triturado.
claro que luego está el resto, lo contrario, lo otro, mis faros, ese gesto artesano que me rodea y no me hace temblar de sinsentido.
un segundo cualquiera se me ocurrió preguntarme qué pasa cuando corriendo libre te encuentras con la orilla del mar.
llego corriendo a mi cocina de siempre lleno de agua mi vaso de toda la vida y mientras sigo respirando por costumbre el agua fresca me sabe como nunca antes.
desde que soy libre estoy tan bestia que veo más de un sol en el cielo.
que en plena gran vía me da la gana pensarme en la orilla del agua salada del mundo entero y mis pies descalzos imaginarios cabalgan pavimentos de plastelina blanda
mis pies son un 39 de relente fugaz de cometa nocturno a plena luz de los soles.
y mis hombros se relajan el cielo tira hacia arriba espalda, cabeza e ideas y mis caderas desinhiben mis cargas.
por libre me siento tan bestia que equilibro mi balanza magnánima: con toda mi paz de un lado y con toda mi rebelión del otro.
arriba arriba arriba muy muy muy arriba como el minuto 6'06 de una canción.
abrió la palma de su mano, sacó el pincel y empezó a trazar.
notaba las cosquillas al dibujarse las estrellas, la brisa, las raíces de los árboles, el temblor del rocío hinchado por sí mismo de madrugada, los rayos de sol, el aleteo de los pájaros, sentía cosquillas al trazarse las burbujas de los peces, las espirales de la vida, la risa libre de un bebé, la sutilidad tu roce secreto y los vuelos de un vestido blanco luz.
cerró la palma, guardó los colores y comenzó a vivir.
hoy empieza mi verano porque sí, porque el cielo tiene un azul tajante y vuela nieve con semillas de planta.
hibrido la primavera con el verano porque sí, porque hoy me da la gana y es mi truco para sentirme jefa de nada.
me gusta mandar sobre mis propios sinsentidos, crear apabullantes ficciones en secretas realidades y convertir los escritorios en viajes por el mundo.
hoy me he dado cuenta de que nací con los pies planos y me lo corrigieron los mayores con una horma arqueada: vieron la señal que atemorizados camuflaron con salud.
lo he visto claro: la tierra es una esférica realidad y el pié con puente encaja sobre ella. por otro lado el cielo es un plano plano onírico, para contener todas las estrellas.
hoy es mi verano y lo he recordado: yo nací bebé con el pié plano, encajando cabalgante de cielos, planeadora celeste, surcadora de infinitos cabeza abajo.
con mis raíces en el universo y las ideas sobre la tierra.
puede que hoy en realidad sea primavera, sí pero es innegable que vuela nieve con semillas de planta.
fijo la mirada de recién llegada a casa con cara de regar las plantas al atardecer mientras pienso que siento...
a mi izquierda está la gota de agua que acaba de resvalarse del grifo de mi baño hacia mi botella de agua pequeña y usada, gateando hasta el aire de mi ventana para flotar en el universo un segundo.
todo esto hizo la gota unos instantes antes de tocar la primera flor amarilla anaranjada que ha salido hoy, sin avisar, del pequeño jardín urbano recién parido sobre el poyete de mi ventana.
es alentador levantar la persiana al llegar con el cielo atardecido y que descalza ya, se te haya coloreado una flor.
pienso que siento que es un regalo de la vida blanca ser plenamente consciente de todo esto sin ni siquiera saber el nombre de la planta.
Nuestra tienda lleva toda la noche jugando a ser gelatina azul, temblorosa por convertirse en cometa sin cuerda. Pura gelatina azul. Cuando sonaban pasos parecía que se acercaba un niño a hurtadillas para comernos. Es toda la clase de miedo que puedes pasar en un sitio como este, donde las estrellas sólo se dedican a dejarse ser contadas por el faro a la orilla de la historia infinita del mar.
Ahora ella se acaba de despertar y vamos a soñar. También a desayunar.
Lo recordó entre las nubes, flotando, de camino al norte, cuando el Tacto reconoció a aquel Papel Arrugado en el bolsillo de su vestido. La médico le extendió esa receta hacía un mes. Tardó un par de minutos en escribirla en aquella consulta blanca. Ante su asombro todo el abecedario desfilaba entre los márgenes, salvando el conducto por el que se colaba la escurridiza firma de la profesional. A, b, c, d, e... La caligrafía patilarga de la doctora estiraba sus piernas de remedio, descarada.
- Tómese una de estas antes de dormir ó si nota que le duele un poco más de lo normal.
- Gracias. Y, dígame, si no se me pasa, ¿vuelvo a verla, doctora?
- Entonces sí, pero a no a mí: a Ella.
Un pitido de algodón le sacó de su recuerdo abstracto. Era la realidad pragmática del mundo haciéndose patente: se encendió la luz del indicativo del cinturón, para aterrizar; También se encendió la luz del sol del cielo, para que al estar a un palmo se vieran bien el color sano de los ojos.
Bajo este brutal cielo amanecido la luz del sol relamía las paredes de manera tan contundente,pero tan de soslayo, tan de canto, que casi les arranca las telas a los edificios y crea un abismo de cimientos a su paso. Es como si desnudara los comienzos y los dejara expuestos a toda esa vida que está a punto de despertar cuando los relojes de la ciudad digan "ya", con su voz aguda, abridores de párpados, atentos al cambio. Como si quisiera dejar al mundo puro, para dar el paso cero -una vez más-.
Pienso desde un resquicio de tiempo y espacio con forma de bus de vuelta a casa, que tal vez esos rayos de sol no son más que la estrella mas grande de nuestro sistema, la que nos da la vida, desperezándose y estirando sus brazos amarillos y blancos, erizados de luz, para comenzar bien un nuevo día.