
Hay quien decía que nunca había estado solo y que esta casa era para dos. Pero necesito una canción que hable sobre estas cuatro paredes donde crecí, que me ataban a mí misma porque era mi rincón, mi versión exterior, el único lugar del planeta dónde quería ir para hablar conmigo misma, mi hogar. Si tan sólo existiera una canción que me silbara tranquilidad cuando me agita el hecho de no saber estar en mi propia casa, no me sentiría tan perdida entre este parquet donde mi pié día a día era más grande cada vez que saltaba de la cama para despertarme.
Cada día paso más tiempo en tu casa, y cuanto mas paso más segura estoy de que quiero estar más. Nunca me había planteado la apatía y el sentimiento de ansiedad en mi propio cuarto. Me falta algo, un duende que me merodee, que me agite las neuronas, que remolonee mis principios, que descoloque los cojines de mi cama, pelearme con la cadena de música para elegir disco, abrazos sorpresa 24horas, 3 minutos de seriedad contenida, 7'24 brotes equizofrénicos debido a la cosquillas, calcetines hechos un ovillo en el rincón de allí, el incienso volando, la guitarra siempre fuera, y el sentido de la cosas siempre dentro.
Te necesito a tí. Y es que este ratito que en mi casa estoy sola, me doy cuenta que no es ésta ya mí casa. Que mi casa es para dos.