Sunday, May 25, 2008

Medusas esteparias


Cuando este artilugio indefinible y metafísico te encadena la vida, solamente te queda pedir socorro al eco que dibuja el aire soplante frente al cañón más abismal y absorbente que tienes enfrente, colmado en su fondo con voces que no hacen más que repetirte que te dejes llevar por su efecto atrayénte y saltes al vacío.


Pedir socorro al exterior vacío -tan poblado de gente que no puede hacer nada porque el artilugio ese, sí, el indefinible y metafísico que te encadena la vida, es producto de tu imaginación retorcida y surrealista- es como soplar la herida de un brazo recién mutilado, como rellenar con muñecas hinchables una ausencia irreconciliable con la sustitución, insuperable. Mientras, las voces del fondo del cañón -de colorado, de negro, qué más da- son las únicas compañeras. A veces vuelan y son medusas eléctricas, viajantes y vagantes en tu maleable estado de ánimo, las que te acompañan, voltáicas, cuando tienes frente a tí el placer de dejarte llevar por el dolor, por los buenos momentos, por los recuerdos, por los proyectos, por los olores de una ducha caliente, por el salado tibio de las lágrimas en tu boca, por sentirte asquerosamente viva, descarnada ante sentimientos fulgurantes que azotan con grandes olas de sal espinosa, incisiva, contra el muelle de tu antigua vida -en la que te limitabas a ser Feliz. Simplona e ingenua tú-.


"No quiero que mi primer libro sea un socorro cristalizado en tinta y pasta de papel, un horror compartible con cierto regustillo a humanidad imperenne", les digo a las medusas eléctricas cada vez que descargan su furia de un latigazo fotovoltáico contra mí. Entonces ellas se apiñan frente al tsunami de olas de sal puntiaguda y escociente aislándome de él, creando una barrera, un vacío, como el del abismo del cañón, y me hacen ver el horizonte de un chispazo, me iluminan, décimas de segundo de lucidez no farragosa, chute de Ventolín para mis asmáticos sentidos ahogados. Tal vez, el destino solo me esté haciendo el favor de no limitarme a ser Feliz, de utilizar las uñas para arrancarle a la vida unas palabras de libros, todo un honor hacia mí por su parte.


La verdad es que nunca pensé que viviría en esta isla, que yo también acabaría siendo un lobo estepario. Sorpresa, Principita...

1 comment:

Tan leve... said...

Hesse -"La mayoría de los seres humanos son como las hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan al suelo.
Otros casi son como estrellas, siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta."- es simplemente genial.


Supongo que no podía haber nada más acertado que la relación del final de tu texto ("encadena", "socorro", "cañón", "retorcida", "mutilado", "horror", "latigazo", "asmáticos", "ahogados") con la voz -"crisis", "tragedia", "aislamiento"- del Nobel...