Monday, November 24, 2008

Escritores callejeros congelados


El invierno es una época difícil para los que somos escritores callejeros - dícese de aquellos seres que según les de el punto, deambulan ñoños, locos o surrealistas por las aceras resbuscándose por dentro mientras se pierden por fuera hasta que se encuentran en cualquier punto de la calle, con asiento o sin él. Y entonces, escriben-.

Por un lado, el frío nos infla las nostalgias y el tesón de seguir caminando. A pesar del insoportable aire congelado que se clava en los oídos como una cuchilla de afeitar, la cabezonería de la desconsiderada creatividad suele hacer que todo en la cabeza fermente. Con un puñado de decenas de minutos de paseo sin rumbo en el bolsillo del abrigo entre las calles del centro de Madrid, ahí estan las palabras, colgaditas de tus ganas, listas para ser fabricadas por imperiosa necesidad. Escribirse o morir.

Pero cada vez los bancos de la Plaza de Tirso son mas gélidos, la plaza del Reina Sofía se convierte en un amplio almacén de aire desafiante, el césped de la Plaza de Oriente se oscurece en humedad desde hace días, en el Retiro y en el Botánico se me meten constantemete las hojas en los ojos... y el invernadero donde dormitan las palmeras de la estación de Atocha se me ha quedado inutilizable por culpa del techo que nos separa a ellas y a mi del cielo -no dejan de quejarse y así no hay quien escriba-. Y no, ya he intentado entrar en el bar de la Filmoteca, pero sus mesas siempre estan llenas de otros esteparios anónimos. Y tampoco, aún no me atrevo a entrar a otros locales... todavía soy una escritora callejera de pocos meses.

Aún así, cuando llega el momento exacto, arranco mis manos de su idílica y cálida historia de amor con los bolsillos del abrigo y éstas, al amarrar mi pilot rojo cuan varita mágica, se convierten en iceberg: congeladas por un lado; por otro lado ese frío da dolor e inmovilidad de huellas dactilares, por lo que la escritura se limita y de lo que pienso/siento a lo que se dispara al folio solo queda la punta del iceberg. El frío para nosotros es toda una ortopedia narrativa.

Por si fuera poco, la tinta ya no moja el papel. Por el contrario la escarcha de mi tinta roja se cae al suelo desde mis cuadernos de garabatos. Así es imposible escribir, todas las letras patinan por el folio tarde o temprano y caen al suelo, ¡con lo que cuesta fabricarlas! Así que, si a las orillas de cualquier banco encontráis un puñado de letras amontonadas, ¿Os importaría devolvérmelas? O por lo menos usarlas bien. Yo el otro día me encontré la palabra "alfajor" y el palito de la "F" y la "J" me sirvieron para arrascarme, al menos momentáneamente, mis ganas fallidas de compartir palabras. Luego, me la comí. Y volvió el silencio. Qué importante es el silencio para escribir...

3 comments:

jelly said...

escritora callejera, abrígate mucho!! pero por lo que veo, el frío te ayuda en tus neuronas para escribir... lo aguantaré por ti!!

Tierra de Nadie said...

Ojalá y algún día salgan a la luz todas esas historias maravillosas que seguro estás construyendo. Ojalá y puedas mostrar a todo el mundo todo lo bueno que tienes dentro. Porque como puedan aprender de ello almenos la cuarta parte de lo que he aprendido yo de tí, ya habrás hecho del mundo un lugar un poco menos cruel, habitado por unas pocas más de personas buenas. Como diría Erich Fromm, "personas de verdad", con el arte de amar

Anonymous said...

Hace frio si, pero los árboles están llenos de colores, de variedades de verde y amarillo, y si, este tiempo invita a escribir, a desandar descalzos sobre los deseos,regar las inseguridades, tropezar varias veces sobre las esperanzas y caer rendidos a los sueños